factores interno y externos de las conductas de los criminales

3. FACTORES QUE INTERVIENEN EN LA CRIMINALIDAD. Utilizamos el término factor en su acepción semántica, -no, como elemento constitutivo del delito con carácter determinista, propio del positivismo criminológico- es decir, como incentivo para provocar conductas que infringen las normas penales. CRIMINOLOGÍA Un enfoque crítico actual Entre los principales factores criminógenos, considerados como remanentes naturalizados en las representaciones sociales de la realidad nacional, antes descrita, están: Factores Socioeconómicos, culturales y demográficos En nuestro país, el desempleo y la desigualdad social, son condiciones primigenias, que en situación de vulnerabilidad, pueden incentivar la criminalidad. Sin embargo, esto no quiere decir que la pobreza constituya una causa directa de la delincuencia. En términos generales, ya hemos descrito las variables estructurales que provocan la criminalidad, analizaremos ahora, las condiciones micro sociales, que tienen enorme incidencia en el fenómeno que estudiamos. Sin duda, uno de los factores más importantes constituye la pobreza, al respecto Manuel Michel Huerta y Liliana Michel Ovando, autores de uno de los libros más completos sobre Criminología en el país, afirman en forma apropiada, que “deberíamos tener en cuenta las situaciones que producen violencia estructural: explotación, discriminación y marginación. Se trata de analizar los mecanismos sociales que impiden a determinados sectores de la población el poder mantenerse, sostener una economía privada autónoma y participar en la vida social convencional”.1 Por otra parte, en la actualidad,- con mayor incidencia que en el pasado,- la urbanización y las migraciones no planificadas están asociadas al incremento de las tasas de delitos. Las modificaciones estructurales en la familia, el abandono escolar, el analfabetismo funcional, la cesantía prolongada, son circunstancias propicias para comportamientos delictivos. Se ha comprobado que carencias o necesidades básicas no satisfechas, hacen que personas jóvenes se involucren en el “crimen organizado”, como “obra de mano barata”. 1 MICHEÍ. HUERTA, Manuel y MICHEL OVANDO, Liliana. Manual de Criminología. Impreso en Talleres Gráficos "Imag”. Sucre. 2011. Pág. 489 193 Renato Pardo Angles a) Discriminación Las conductas discriminatorias en Bolivia, son habituales e identificadas como expresiones del sentido común al ser aplicadas en función de la diversidad en todas sus formas: cultural, etárea, generacional, étnica racial, etc. En tal sentido se constituyen en costumbres, usos, actitudes, de apariencia inofensiva. Históricamente, han sido los indígenas, las mayores víctimas del sistema, así, la autora venezolana, Rosa del Olmo, ilustra, con expresiones nítidas, como los indios han sido considerados seres inferiores, cuando nos refiere: “Los indios y los negros serian para las “minorías ilustradas” nuestros primeros delincuentes. Los indios delinquirían por su atraso e ignorancia debido, según los “expertos” de la época, a características congénitas que les impedían superarse y no por la explotación de que habían sido objeto durante siglos. Como no había solución para ellos, narra Rosa del Olmo, se llegó a proponer -incluso bien entrado el siglo XX- que fuesen juzgados por leyes especiales, tomando en cuenta su “estado de peligro”. En base a estos antecedentes, nos remite a José Medrano Ossio, penalista y criminòlogo boliviano, quien, en la revista mexicana Criminaría, bajo el titulo “Responsabilidad penal de los indígenas” decía: “el indígena natural y normalmente se halla en estado de peligro por lo que es indispensable someterlo a un régimen de protección idéntico al que reconoce el derecho para ciertas individualidades de menor valia o en irregular estado de conciencia. La condición peligrosa es en él natural”.2 Tendrán que pasar bastantes años, para que el discurso criminológico propio del positivismo, sea confrontado por un humanista por excelencia, el Dr. Huascar Cajias, quien, en distintos eventos internacionales, en representación del país, dio a conocer su obra Criminología, que conforme refiere Rosa 2 Obra citada. Pág. 138 Ì 194 CRIMINOLOGÍA Un enfoque crítico actual | del Olmo en “América Latina y su Criminología”, también es consultada en otros países, por ejemplo en Venezuela, por ser una importante referencia bibliográfica, de su tiempo. La discriminación aparece en toda su connotación excluyente y prejuiciosa, cuando se da en la escuela, la fuente de trabajo, el acceso a los servicios, a la justicia, etc. La discriminación por el origen étnico, considerada natural o normal, inclusive por los mismos afectados significa exclusión y abarca al 70% de la población. Desde el punto de vista de los derechos fundamentales de las personas la discriminación naturaliza la desigualdad e impide el ejercicio de los derechos legalmente establecidos. Bolivia ratificó la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación Racial, en fecha 16 de junio de 1996 y fue elevada a rango de Ley Nacional N° 1978, el 14 de mayo de 1999. Apesarde este reconocimiento formal, la discriminación sigue siendo en la práctica un factor criminògeno determinante, a la hora de investigar un delito. Por otra parte, el hecho de que la discriminación racial no estuvo consignada como figura delictiva en el Código Penal Boliviano, dio lugar a que el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial, formule sus observaciones (N° 4 y 17) con referencia a la situación de pobreza de la población del área rural en relación con la urbana y sobre la falta de penalización en los casos de discriminación racial. Sin embargo, en nuestro país, se ha atenuado en parte este fenómeno, que tiene por objeto establecer mecanismos y procedimientos para la prevención y sanción de actos de racismo y toda forma de discriminación, en el marco de la Constitución Política del Estado y los Tratados Internacionales de Derechos Humanos. I Renato Pardo Angles Si bien la Ley, constituye una avance cualitativo en la perspectiva de disminuir conductas de racismo y toda forma de discriminación, no es menos cierto, que es insuficiente, la ley por sí sola, no tiene la virtud de cambiar pautas culturales profundamente arraigadas en la conciencia colectiva, por lo que, es imprescindible acompañar la implementación de la ley, con programas educativos que transformen las pautas culturales de los bolivianos, a este respecto. Contenidos antirracistas como la ley de lucha contra la discriminación racial, son muy útiles a la hora de organizar un discurso criminológico. Así la criminología positivista, como afirma el insigne profesor argentino Eugenio Raúl Zaffaroni "...no fue más que una faceta del discurso racista ella se devolvería releyendo los párrafos que escribieron los “fundadores de la criminología argentina y brasileña José Ingenieros y Nina Rodríguez Parrales que hubieren sonado muy agradablemente a los oídos de Hitler y de Rosemberg”.3 Continúan vigentes estructuras de larga data que reproducen la discriminación y exclusión en la edificación del espacio público boliviano y por ende en la construcción de su forma estatal. La racionalidad de la forma neoliberal de modernización deteriora estructuras sociales de solidaridad y pertenencia a un ámbito común, sin sustituirlas por otras. Esto parece mostrar -Lechner- que la integración social a través del mercado no se cumple a cabalidad y que la democracia debe potenciar los lazos de comunidad que la modernización neoliberal erosiona. La tendencia a la homogenización que siempre se intentará a imagen y semejanza de la minoría dominante, en nuestro país, tiende a ser revertida con el reconocimiento de Bolivia como Estado pluricultural y plurinacional, y logre el pleno reconocimiento de su diversidad cultural y regional y que se CRIMINOLOGÍA Un enfoque crítico actual consolide más bien a partir del reconocimiento del respeto e incorporación participativa del “otro” diferente en su forma de vida, pero igual en sus derechos fundamentales. En Bolivia se dio el fenómeno de que si el Estado excluía, la comunidad o la organización de base incluía e impedía salidas o comportamientos violentos tanto colectivos como individuales. La racionalidad modernizadora con rasgos homogenizadores del conjunto social puede tener efectos perversos, que en ciudades o regiones migrantes internos como el Alto-Chapare, se manifiestan con más nitidez, porque convergen muchos de los factores significativos de nuestra conflictiva realidad. b) La violencia intrafamiliar Según un Estudio de Prevalencia de la violencia doméstica realizado por MSPS-OPS/OMS, VAGGF, las personas que actualmente confrontan situaciones de violencia en el hogar, han sido víctimas o han presenciado hechos violentos en su niñez, en la proporción de dos tercios (2 de 3) al ser maltratados en su hogar, lo abandonan y pueden cometer actos delincuenciales; no recibieron amor, por tanto no sienten amor por los demás, al contrario, quieren hacer sufrir como hicieron con ellos, no sienten remordimiento alguno porque sus actos tienen justificación en sus vivencias del pasado. La Brigada de Protección a la Familia informó que en una semana atienden mínimamente más de 100 casos de violencia física, psicológica, maltrato infantil y al adulto mayor. Según datos del INE, el mayor porcentaje de casos de maltrato físico contra la niñez se registra en la familia con un 85%; los principales agresores el padre, la madre y otros miembros como los abuelos, padrastros y hermanos. Las causas del castigo a hijos o hijas son: por desobediencia (34.9%) e incumplimiento de obligaciones familiares (28.6%). I Renato Pardo Angles El hogar es el primer ámbito vital en el que niños, niñas y adolescentes son castigados, le sigue la escuela donde también son agredidos física y psicológicamente; los castigadores son los profesores, los que ejercen el control estudiantil y la violencia agresiva entre compañeros de estudio, es cada vez mayor y muy preocupante, por las modalidades que adopta, grupos que se enfrentan, incluso con armas. Si bien parecen naturales estas formas de violencia, permitidas con el argumento de que son educativas en la niñez, no se puede ignorar la importancia que tienen como antecedentes de la criminalidad, especialmente por la carencia de políticas públicas preventivas y de apoyo real a la familia como núcleo social. No se debe perder de vista que esta organización social básica está estructurada jerárquicamente en función del género y de la edad. Allí se materializan las creencias y valores, culturalmente aceptados acerca de derechos, características, comportamientos y responsabilidades de sus miembros, en razón del género, incluyendo el lugar que ocupan el hombre, la mujer y los hijos, en el proceso de producción; en otras palabras, es aquí donde se naturaliza la discriminación y los supuestos implícitos que regulan la distribución del poder entre sus miembros y otros que legitiman un modelo autoritario de familia, en el que priman el poder de los fuertes y la dependencia de los débiles. Entre las normas implicadas y culturalmente aceptadas están las siguientes: - La organización familiar, reconoce jerarquías de poder diferentes entre hombres y mujeres, ya sean padres, hijos u otros miembros. Esta “superioridad" otorgada al varón es natural por ser de orden biológico. - Las mujeres dotadas de capacidad reproductiva, también deben ejercer las funciones maternales que, en la representación social, son propias del sexo femenino. En las relaciones de padres, madres e hijos, prevalece el sentido de “propiedad privada” del hogar de los hijos y de las CRIMINOLOGÍA Un enfoque crítico actual | pautas de crianza utilizadas, así sean violentas, identificadas como “educación”. En este sentido y debido a los diferentes grados en que se aplican los estereotipos normativos, una familia autoritaria se convierte en un factor criminógeno. c) Sistema Penitenciario Los centros de detención o cárceles -que, como ya vimos-, no tienen como objetivo la readaptación social, sino, la seguridad con alta densidad de población y carencia crónica de servicios básicos y condiciones de habitabilidad, para cumplir sus funciones meramente declarativas de “resocialización”, son simple y llanamente ámbitos en los que se planea y organiza la comisión de delitos, se negocian privilegios con los guardias y -por el proceso de prisionización- se convierten en una escuela del delito. A nivel mundial se ha comprobado que la vida carcelaria, en las condiciones en que transcurre, no “resocializa” ni disminuye la criminalidad, por el contrario, la reproduce por lo que es un factor negativo que debe ser motivo de reflexión crítica y de transformación. Específicamente la prisión en Bolivia está centrada en la seguridad y la represión, en términos de castigo al delincuente por la comisión de un delito, esto significa que no se propone la rehabilitación por lo cual, el contacto con autores de graves delitos puede ser de interaprendizaje y perfeccionamiento de modalidades delictivas, de conformación de bandas que al salir de allí ponen en marcha sus planes. Según Edwin Sutherland, “El comportamiento criminal es siempre aprendido” es decir, que las conductas delictivas son productos de la transmisión cultural y mientras no se den cambios en las concepciones y representaciones sociales mediante programas preventivos, no disminuirá la criminalidad y el sufrimiento que inflige la prisión a supuestos delincuentes, a veces sin sentencia pero recluidos durante años, bajo el manido argumento procesal de la detención preventiva, que en los hechos significa una virtual condena, seguirá produciendo resentidos con deseos de resarcir su pena. - Medidas Alternativas al Régimen Carcelario Frente al fracaso incontrastable del modelo penitenciarios.
bibliografias: file:///C:/Users/User/AppData/Local/Temp/Rar$DIa11604.16992/Pardo%20-%20Criminologia.pdf

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